2026. Ladrillo,cemento, madera, balineras y cuerda.115x150x70cm
Un hueco no es una cosa. Su forma está definida por aquello que lo rodea: bordes, profundidad y materia. Sobre ruedas, un fragmento de calle se convierte en una porción transportable de Bogotá: un vacío que circula.
En Bogotá, cada grieta superpone escalas: el tránsito, la lluvia, las obras y la corrupción se encuentran con sedimentos lacustres, aguas subterráneas y tiempos geológicos. La ciudad se siente en el cuerpo: en el salto, la caída y el pie torcido.
Al poner el hueco sobre balineras, la escultura altera esa experiencia. Aquello que se esquiva puede acercarse; lo que parecía fijo adquiere trayectoria. La obra no busca cerrarlo ni repararlo, sino amansarlo provisionalmente mediante la atención. Así, hace circular la fragilidad de una ciudad construida y destruida, donde el subsuelo insiste en regresar a la superficie.