Garzón descendió del pedestal. —Definitivamente el mundo
es una ruana y a Bogotá le tocó el hueco —murmuró—,
mientras entraba al primer cafetín sobre la avenida.
[…]
Jorge Armando Duque Papagayo, 34 años, Fontibón.
BOGOTÁ EN 100 PALABRAS
El Hueco es una instalación de sitio específico donde el piso de la Galería Santa Fé se transforma en una composición de fragmentos de andenes y calles de Bogotá, marcados por huecos, grietas y charcos. Esta obra explora los huecos como manifestaciones del caos de la ciudad y como espacios liminales que conectan las fuerzas geológicas, climáticas y humanas, revelando relaciones complejas y transversales, entre el orden urbano y lo salvaje del subsuelo, lo superior y lo inferior, lo horizontal y lo vertical, lo íntegro y lo corrupto.
Cada hueco es un portal hacia el pasado y un espejo del futuro, cada hueco es a su vez un reflejo de unas fuerzas invisibles que moldean la ciudad. Bogotá, asentada sobre suelos lacustres de una antigua cuenca marina del Cretácico y los sedimentos de una laguna extinta que ocupó la Sabana hace 27 mil años, conserva en su subsuelo la memoria geológica de un territorio en constante transformación. La desaparición de los humedales, desde la época colonial hasta hoy, simboliza la negación de la naturaleza hídrica de la Sabana y condena a la ciudad a hundirse en los sedimentos de su pasado acuático. En Bogotá, los huecos y socavones, además de ser fallos infraestructurales, son signos materiales/escultóricos de la memoria y la vitalidad del territorio. La instalación El Hueco consiste en una superficie en la Galería Santa Fe que explora esta vitalidad manifiesta de los huecos, un pasado profundo y un tiempo más que humano, que se amalgama con las dinámicas sociales y políticas de quienes habitamos esta ciudad.
Los huecos en el asfalto y los andenes de Bogotá son microcosmos de fallas geológicas, donde las fuerzas tectónicas parecieran precipitarse por el capitalismo, la falta de planeación urbana y la corrupción en obras de infraestructura. Estos huecos, como manifestaciones caóticas, afectan nuestra percepción y relación con la ciudad. Caminar por Bogotá es recorrer millones de años de una historia geológica invisibilizada, décadas de una mala gestión de los recursos públicos y una cultura ciudadana que privilegia lo privado sobre lo público. Bogotá es una ciudad que se siente en el cuerpo con un salto en un vehículo, un pie torcido, una media mojada, una rodilla raspada, un neumático pinchado o un diente desportillado. Es una experiencia en la que las sensaciones corporales, fuerzas geológicas, climáticas e históricas se sobreponen, se confunden entre sí.
El caos de Bogotá no es un desorden absoluto, sino un desbordamiento de órdenes, formas y fuerzas indistinguibles y simultáneas. En la instalación El Hueco emerge de la pregunta: ¿Cómo organizar este caos urbano para darle coherencia, un campo de consistencia, un plano de composición desde el cual pensar, crear y actuar?
El Hueco intensifica la sensación de ciudad al componer un fragmento del caos de Bogotá dentro Galería Santa Fe. De este caos compuesto no se busca extraer una mera imagen o representación de la ciudad, sino una multiplicidad de sensaciones. No se trata de repetir experiencias ya vividas en la ciudad con los huecos y grietas, sino de generar nuevas sensaciones que proliferan exclusivamente en la experiencia de recorrer la instalación. Está superficie, separada del exterior y enmarcada dentro de la Galería, se convierte en un territorio donde el caos se organiza provisionalmente. El recorrido dentro de la Galería es el resultado de un proceso escultórico que reproduce, extrae y recrea fragmentos caóticos de la ciudad. Estos fragmentos se componen y se detienen en el espacio y tiempo de la exposición del XIII Premio Luis Caballero, formando una estructura y un territorio que permite que afecten a los cuerpos que la recorren. El Hueco fabrica un espacio en el cual el caos se pueda sentir como una experiencia sensorial coherente y consistente desde la cual pensar, crear y actuar. En otras palabras, la instalación compone una superficie caótica dentro del caos de la ciudad, donde el caos puede ser elaborado, sentido y analizado.
Los huecos hacen que la experiencia temporal de la ciudad esté marcada por una historia cíclica sin fin; un eterno vaivén que oscila entre el decaimiento y el “progreso”, un destruir para construir. A pesar de las promesas políticas de dar “orden” al caos, los huecos se expanden como una metástasis: por cada uno que se tapa, parecieran aparecer dos. La ciudad es entonces como una ruina de sí misma, sin un punto de inicio o de final de esa destrucción. En El Hueco, durante los dos meses de exhibición, el proceso de montaje y desmontaje sucederá de manera simultánea. Al igual que la ciudad, la obra es una ruina invertida, en constante construcción y destrucción.
El Hueco reinterpreta la historia como una transformación de la energía contenida en estructuras y materiales que se reconfiguran pero nunca desaparecen. Los materiales del territorio de Bogotá, desde la caliza del Cretácico hasta el concreto moderno, se transforman constantemente bajo la influencia del tiempo y la acción humana. Los sedimentos arcillosos, que alguna vez formaron lagunas y humedales, ahora constituyen el subsuelo de la ciudad y son materia prima para los ladrillos que conforman las construcciones de la ciudad. Este proceso de reconfiguración se manifiesta en El Hueco a través de los procesos escultóricos de la instalación donde se combinan materiales reutilizados de escombros, demoliciones, objetos encontrados, arenas, piedras, materiales orgánicos y agua. El objetivo es transformar el piso de la Galería Santa Fe en una geografía artificial que haga perceptibles las transformaciones del territorio que habitamos.
De lo bravo a lo manso
Para explicar la acción artística de El Hueco, donde se abordan los huecos como manifestaciones del caos urbano y como espacios liminales, propongo usar los conceptos de lo bravo y lo manso, propios del pensamiento andino colombiano. En el Macizo y otras zonas andinas del país, “bravo”, “manso” y “amance” definen el territorio social y ecológico. “Bravo” se refiere a lo salvaje, peligroso, sagrado y no habitable, mientras que “manso” denota la domesticación del territorio. “Amance” es el proceso continuo y cíclico de transformar lo bravo en manso y hacer habitable el territorio. Este proceso incluye calmar, curar y pactar con las cualidades bravas del territorio, asegurando que tanto el entorno como sus habitantes permanezcan en equilibrio y armonía.
La instalación El Hueco es un proceso de “amance”. Al reproducir, simular e instalar huecos para componer un territorio en la Galería Santa Fe, se busca transformar el territorio urbano bravo en un espacio manso, habitable, sensible y, por lo tanto, significativo. Esta acción artística convierte los huecos en una experiencia afectiva del territorio, promoviendo una nueva forma de habitar y sentir la ciudad. Así, se invita a los y las visitantes a participar activa y sensiblemente en el amansamiento de su entorno, creando un espacio desde el cual pensar, crear y actuar.