2019. Neon. 110 x70 cm
Una frase en neón rojo ocupa la fachada de la galería: Я вижу землю —Veo la Tierra—. Yuri Gagarin pronunció esta frase durante el vuelo de Vostok 1, el 12 de abril de 1961. Entonces, la Tierra apareció como imagen técnica: una entidad vista desde afuera, objeto, señal y superficie de lectura.
La frase condensa una paradoja. Por un lado, hizo visible una Tierra finita, compartida y vulnerable. Por otro, la convirtió en objeto técnico: algo que podía ser fotografiado, medido, vigilado, procesado, administrado y controlado. La Tierra apareció como una sola, pero no todos los cuerpos quedaron incluidos por igual en esa totalidad. No todos producen esas imágenes, acceden a sus tecnologías o padecen sus consecuencias de la misma forma.
La luz roja activa esa tensión sobre la fachada. No funciona como monumento, sino como señal entre alerta, deseo y advertencia. El neón aparece como residuo sensible de la Guerra Fría y conserva la memoria del momento en que la Tierra fue observada desde un aparato científico, militar y orbital. Veo la Tierra sitúa el cuerpo ante una inmensidad técnica. Ver el mundo desde afuera no equivale a comprenderlo: toda imagen implica una posición, un programa y una distancia.