Omnívoro

Omnívoro

Proyecto por DELENGUAAMANO
Colaboración con Nicolás Jaramillo (Audio)

Artbo, Artecámara, 2009.

Nosotros nunca nos realizamos. Somos dos abismos—un pozo fijando el cielo Fernando Pessoa

En 1966 Mel Bochner y Robert Smithson publicaron un artículo en la revista Art Voices en donde se lee lo siguiente:

“Para algunos, el infinito es el planetario, un remolino congelado en el final del mundo, una estructura vasta de círculos concéntricos, redonda en cuyos bordes uno puede encontrar una interminable colección de ideas como objetos, un repositorio de universos modelo.”

Desde sus inicios, cuando en 1967 fue propuesto como parte de un gran centro cultural, el Planetario Distrital de Bogotá se proyectaba en cuanto fragmento de un emprendimiento mayor. El plan de divulgación cultural del alcalde de Bogotá de la época contemplaba la construcción de los museos Taurino, de Arte Religioso,deDonAntonioNariño,deHistoriaNatural,deHistoria del Arte, de la Cultura Muisca, Aeronáutico, de Arte Moderno y El Planetario. El plan inicial no se realizó integralmente, sin embargo el Planetario fue una de las construcciones llevadas a cabo. En 1969 cuando el edificio del Planetario fue inaugurado, sirvió de núcleo del plan de divulgación cultural, albergando la Cinemateca Distrital, el Museo de Ciencias Naturales y el Museo de Arte Moderno.

La Plaza de Toros de Santamaría fue inaugurada en 1931, pero su fachada actual fue diseñada en 1939 por el arquitecto Santiago Mora, tres décadas antes que el Planetario. La cercanía física y formal de ambos edificios, además de la iniciativa de crear un museo taurino y un planetario como parte del mismo proyecto, contrasta con los aparentes antagonismos de sus respectivas proyecciones culturales y su posición frente a la naturaleza. Por un lado se ofrece una mirada hacia los astros, a través de una estética futurista que proyecta hacia afuera, hacia el infinito dibujado en la superficie convexa de una cúpula. Por el otro, encontramos un espacio ritual donde se ofrecen sacrificios como espectáculo, actualizando una relación mítica entre hombre y bestia. En éste caso, la escena a la cual el espectador asiste se presenta en dirección inversa: el público se inclina hacia la arena. Por un lado ciencia y tecnología y por el otro tragedia y tradición. El carácter de la repetición de cada uno de los espectáculos difiere. En cuanto uno es una función que permanece inalterada, el otro está sujeto a las condiciones específicas de cada corrida, a la relación entre torero, toro y público.

¿Qué pasaría si ambos modelos convergiesen dando lugar a un espacio unitario, un espiral entrópico que juntase ciencia y tragedia, progreso y ritualismo? Omnívoro consiste en crear una ficción museográfica donde ambos puntos de vista se encuentran. Un híbrido entre proyecto arquitectónico y exposición, donde el Planetario y la Plaza de Toros se funden en la misma escena, reuniendo una maqueta, una película, una banda sonora, planos, fotografías, documentos y otros objetos en una sola instalación. El lenguaje de Omnívoro oscila entre lo documental y la ficción, entre el registro desinteresado y la narrativa dramatizada, siempre dentro de los límites de la idea de proyecto y de proyectar una idea que representa algo que vendrá o algo que ya fue, la maqueta o el mapa de algo que no está presente. La instalación integra el proyecto arquitectónico de éste espacio híbrido, algunos de los objetos que harían parte de la colección de éste lugar hipotético (muchos de los cuales son objetos reales y en uso en tres instituciones diferentes: El Planetario, El Museo Taurino y el Museo de Historia Natural) y el registro del proceso de creación de la obra Omnívoro. De tal manera que la división entre ficción y documento y pasado y presente se desdibuje y todas estas representaciones convivan en un mismo nivel.

Back to top